LA ASCENSIÓN AL CHIMBORAZO.
Carlos Chalbaud
Zerpa
La gloria de
Bolívar no necesita ni de mentiras ni de exageraciones. Una presunta ascensión
a la cumbre de
En efecto, es
tradición que, en 1822 Bolívar por el lado oriental de la montaña, subió hasta
su cima o por lo menos llegó hasta las nieves, donde hay una piedra que lleva
su nombre.
A mediados de
diciembre de 1821 se puso en marcha desde Bogotá, a través de Cali, Popayán y
Pasto para llegar a Quito: y desde aquí descender a través de un abra de la
cordillera andina al puerto de Guayaquil, en el Océano Pacífico. Esta campaña
del Sur perseguía pacificar a Pasto, liberar a Quito e incorporar a Guayaquil a
Al pasar el
Guáitara refiere O’Leary en sus Memorias, se entra en la provincia de los
Pastos, una de las planicies más elevadas del globo, encerrada entre dos
ramales de la cordillera de los Andes. Bolívar, verdadero amante de la
naturaleza, se encantó con su viaje a Quito. Contemplando las elevadas cimas
del Yana Urca, Cotacache, Imbabura y Pichincha cubiertas de nieve perpetua, a
pesar de estar situadas bajo la línea equinoccial. Los pintorescos valles de
Ibarra y Otavalo le deleitaron tanto como lo entristecieron, al recordar que el
lamentable estado de su país natal le había compelido a cambiar las dulces y
útiles tareas del filósofo por los arduos deberes y la azarosa vida del
soldado. En esta bella porción de Colombia se goza de todos los climas, y en el
espacio de pocas leguas se producen con abundancia los frutos más preciados de
distintas zonas. En ninguna otra provincia ha sido la naturaleza más pródiga en
sus dones que en la de Quito.
El 16 de
junio entró en aquella ciudad, y fue recibido como era de esperarse, con el
entusiasmo de sus habitantes por la causa de la independencia. Los transportes
de su alegría solo pueden compararse a su gratitud al héroe que ellos veían por
la primera vez, y a quien Colombia debía su existencia política y Quito su
libertad.
Seis meses
había durado aquella proeza extraordinaria.
A comienzos
de julio decidió llegar hasta Guayaquil, con el fin de entrevistarse con el
general San Martín. El camino atravesaba uno de los paisajes más bellos del
mundo. Su biógrafo Gerhard Masur refiere que el contraste entre los picos de
los Andes, con sus crestas de nieves eternas, y la lozanía de la naturaleza
tropical inspiraron a Bolívar.
Entre Ambato
y Riobamba la vista del Chimborazo es majestuosa.
Empero la
leyenda de que ascendió a la cúspide de dicha montaña en un día no se funda en
la realidad. Para realizar semejante hazaña habría tenido que ser un alpinista
excepcional. Bolívar no estuvo jamás en el Chimborazo y el himno cuya
composición se le atribuye es una falsificación, además mala. “Ml delirio sobre
el Chimborazo’ esta considerado por muchos suramericanos como una de las
grandes composiciones poéticas del Libertador. Hasta Lecuna la ha incluido en su
colección. Sin embargo, no existen pruebas de que Bolívar haya ascendido alguna
vez al Monte Chimborazo; ni él ni ninguno de sus amigos o ayudantes lo
mencionan. Por supuesto, Bolívar pudo haber escrito el “delirio” sin haber
estado en el Monte Chimborazo, pero el himno difiere por completo de sus demás
producciones. El estilo, el vocabulario y las ideas no son los de Bolívar, sino
los de un imitador. Además, “el delirio” fue publicado después de su muerte, en
1833 y 1842, lo que hace aún más dudosa su autenticidad. En 1945, en Quito, se
publicó un manuscrito que se considera el texto original del “delirio’. Sin
embargo, la letra no es de Bolívar, ni pertenece a ninguno de sus secretarios.
Históricamente,
en 1746, los académicos franceses Charles Marie de
En 1880, el notable
alpinista inglés Edward Whymper y los valdostanos Louis y Jean-Antoine Carrel,
después de varios días de borrascas y peligros, lograron finalmente pisar la
cumbre, ascensión que repitieron seis meses más tarde.
Los
partidarios del ascenso y de la autoría del “Delirio” se han enfrascado en
bizantinas discusiones con quienes niegan una y otra cosa. Entre los primeros se
destaca el escritor Ángel Grisanti quien aseveraba que Bolívar si escaló el
Chimborazo y escribió su Delirio en Riobamba; mientras que en el otro bando se
destacó don Luis López de Mesa que afirmaba que un mediocre falsificador de
Bolívar llevó a la caricatura el seudo delirio del Chimborazo.
Sea como
fuere, esta discutida obra no puede incluirse en la antología bolivariana al
lado de páginas magistrales como el Manifiesto de Cartagena,

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