El 04 de enero de 1880 Edward
Whymper, Jean Antoine Carrel y Louis Carrel consiguen efectuar la primera
ascensión al Chimborazo.
La cumbre del
volcán Chimborazo es la más alejada del centro de la Tierra, y durante el siglo
XIX se pensaba aún que esta era la elevación más alta del planeta. El primer
hombre en alcanzar la cumbre del Chimborazo fue Edward Whymper, junto a los
hermanos Louis y Jean-Antoine Carrel en 1880.
Whymper ascendió una segunda vez por un camino diferente el mismo año, con los dos ecuatorianos David Beltrán y Francisco Campaña
La
historia del gran viajero Edward Whymper
El
ambicioso montañero fue el primero en ascender muchos de los picos más altos de
los Alpes, de las Montañas Rocosas y de los Andes, pero si pasó a la historia
del alpinismo fue por conquistar el Cervino hace ahora 150 años.
Edward
Whymper
Meritxell Álvarez Mongay
14/8/2015
Rey de los Alpes
Edward Whymper (1840-1911) fue el alpinista
más famoso y controvertido de la edad de oro del montañismo, aunque hasta
los 20 años el londinense no vio -y mucho menos escaló- otros picos que no
fueran los que se alzaban en libros. De joven soñaba con ser explorador polar;
pero, siendo el segundo de once hermanos en una familia de clase media
victoriana,le tocó heredar el oficio del padre sin rechistar, por poco
emocionante que le resultara el arte de grabar. Además, se le daba bien esto de
dibujar.
El destino del artista cambia cuando un editor le
encarga ilustraciones pintorescas de montaña y le envía a una región entonces
casi tan apasionante como su anhelado Ártico: los Alpes. Fascinado, regresa
allí todos los veranos yse convierte en un escalador obstinado.
Emblemáticos cuatromiles se rinden por primera vez a sus pies, pero es el
inconquistable Cervino el que obsesiona al aventajado neófito del alpinismo.
Dicen que es inaccesible, que en su cima hay una ciudad en ruinas donde moran
genios y espíritus... Quizá por eso el macizo se le resiste; quizá por eso
cuatro miembros del equipo mueren en el descenso, tras coronar aquellos 4.478
trágicos metros. Unas avalanchas de críticas agrian el carácter ya de por sí
huraño del montañero solitario.
La aventura de Whymper continuó al otro lado del
Atlántico: viajó en una expedición científica a Groenlandia y
siguió coleccionando primeras ascensiones en los Andes y en las Rocosas.
Pero sus últimas montañas las subió de nuevo en los Alpes, antes de encerrarse
enfermo en su habitación del Grand Hotel Couttet de Chamonix, eligiendo la
dramática belleza de estos paisajes para morir.
Aunque no es la montaña más alta de los Alpes, los 4.478 metros del Cervino -Matterhorn para los suizos- no se conquistaron hasta hace ahora 150 años. Después de varios intentos fallidos, el 14 de julio de 1865 Edward Whymper alcanza la cima por el valle de Zermatt, adelantándose al grupo de alpinistas italianos que venían pisándole las botas, guiados por Jean-Antoine Carrel. Esta y otras hazañas alpinas las narra en "Scrambles Amongst the Alps in the Years 1860-1869", ilustrado con grabados del propio autor. El siguiente texto corresponde a fragmentos del libro "La conquista del Cervino" (editorial Desnivel).
Salimos de Zermatt el 13 de julio de 1865 a las
cinco y media, en una mañana despejada y sin una sola nube. Éramos ocho en
total: Croz, Peter El Viejo y sus dos hijos, lord F. Douglas,
Hadow, Hudson y yo. Para asegurar un buen ritmo de marcha, un extranjero
y un montañés caminaban juntos. El joven Taugwalder fue mi compañero y
andaba bien, orgulloso de participar en la expedición y de demostrar sus
facultades. Las botas de vino también quedaron entre las cosas que yo
transportaba y, durante el día, después de cada trago, las rellenaba en secreto
con agua, de manera que en la siguiente parada parecían más llenas que antes.
Esto se consideraba un buen presagio y poco menos que un milagro.
El primer día no pretendíamos ascender mucho, y
fuimos subiendo tranquilamente. Recogimos las cosas que quedaban en la
capilla del Schwarzsee a las ocho y veinte de la mañana y seguimos a
lo largo del escarpe que une el Hörnli con el Cervino. A las once y
media llegamos a la base del pico, entonces abandonamos el escarpe y trepamos
algunos salientes hacia la ladera oriental. Ya estábamos a buena altura en la
montaña y nos asombró descubrir que algunos lugares que desde Riffel o incluso
desde el glaciar Furggen parecían enteramente impracticables, eran tan fáciles
que podíamos correr por ellos.
Antes de las doce habíamos encontrado un buen sitio
para la tienda, a una altura de 3.350 metros. Croz y el joven
Peter se adelantaron para ver qué había más arriba, con el fin de ahorrar
tiempo a la mañana siguiente. [...] Pasamos las restantes horas del día
tumbados al sol, haciendo dibujos y recogiendo muestras, y, cuando el sol
se puso, ofreciendo en su despedida una promesa gloriosa para el día siguiente,
volvimos a la tienda para prepararnos para la noche. Hudson hizo té, yo café, y
luego nos retiramos cada uno a su saco de dormir. [...]
Antes del amanecer del día 14 nos reunimos
fuera de la tienda y nos pusimos en marcha inmediatamente, en cuanto
hubo suficiente luz para moverse. El joven Peter vino con nosotros como guía y
su hermano regresó a Zermatt. Seguimos la ruta que había sido adoptada el día
anterior y en pocos minutos doblamos el largo saliente que impedía la vista de
la cara oriental desde la plataforma de nuestra tienda. Ante nosotros
apareció toda esa gran ladera, elevándose unos 900 metros en forma de una
enorme escalinata natural. Algunas partes eran más fáciles y otras menos, pero
no tuvimos que detenernos ni una sola vez ante un impedimento serio, porque,
cuando encontrábamos un obstáculo delante, siempre podíamos superarlo por la
derecha o por la izquierda. Durante la mayor parte del camino no hubo necesidad
de usar la cuerda y a veces guiaba Hudson y otras yo.A las seis y veinte
habíamos alcanzado una altura de 3.900 metros y nos detuvimos media
hora. Luego continuamos el ascenso sin pausas hasta las diez menos cinco,
cuando paramos cincuenta minutos a 4.267 metros de altura.
Tenemos que volver ahora a los siete italianos que habían salido de Breuil el 11 de julio. Habían pasado cuatro días desde su partida y nos atormentaba la posibilidad de que pudieran alcanzar la cima antes que nosotros. Durante todo el camino habíamos estado hablando de ellos e incluso varias veces había surgido la falsa alarma a la voz de "¡Hombres en la cima!". Cuanto más subíamos, mayor se hacía nuestro nerviosismo. ¿Y si éramos vencidos en el último momento? La pendiente se suavizó, pudimos desencordarnos por fin, y Croz y yo nos adelantamos corriendo alocadamente hasta sofocarnos. A las dos menos veinte de la tarde el mundo estaba a nuestros pies y el Cervino era conquistado. ¡Hurra! No se veía ni una sola pisada. [...] Los demás habían llegado, así que volvimos al extremo septentrional de la cresta. Croz sacó el palo de la tienda y lo plantó en el punto más alto. [...]
El día era uno de esos de calma y claridad
superlativas que suelen preceder al mal tiempo. La atmósfera estaba en completa
tranquilidad y sin una sola nube ni vapores. Las montañas, a cincuenta o
incluso cien millas, parecían cercanas y se recortaban nítidamente. Todos sus
detalles de aristas, riscos, nieves y glaciares aparecían perfectamente
definidos. Gratos pensamientos de antiguos días felices acudían a la memoria
mientras reconocíamos viejas formas familiares. Ni uno solo de los
picos de los Alpes quedaba oculto. [...] Había bosques oscuros y
siniestros, y praderas brillantes y vivaces, bulliciosas cataratas y lagos
tranquilos, tierras fértiles y páramos desolados, llanuras soleadas y mesetas
heladas. Había formas muy abruptas y perfiles delicados, audaces precipicios
perpendiculares y suaves pendientes onduladas, montañas rocosas y montañas
nevadas, sombrías y solemnes o brillantes bajo la nieve blanca, con muros,
torretas, pináculos, pirámides, conos y espiras. Había todas las combinaciones que
el mundo puede ofrecer y todo el contraste que un corazón puede desear.
Permanecimos más de una hora en la cumbre... Una hora pletórica de
gloriosa vida. Transcurrió rápidamente y comenzamos a preparar el
descenso.

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